FIGHT OR FLIGHT?

Por Flor Montero

Imagina la escena: Estás en la SRE esperando a que empiece una conferencia internacional sobre la cual no sabes nada puesto que hace apenas una hora que te llamaron para que cubrieras el “bomberazo”. Al ver el título en la pantalla, se te hace un hoyo en el estómago porque es un tema sumamente especializado y con personajes de alto nivel; y para colmo de males, te mandaron con una chica recién salida de la escuela. Llega el ponente principal y, cuando te lo presentan, de antemano se disculpa porque ya sabe que habla rápido pero dice que no puede hacer nada al respecto. Sientes que el cuello se te contractura, la mandíbula se aprieta, tu respiración se acelera, te sudan las manos y aunque no te das cuenta, tu corazón late más rápido. En términos neurológicos, tu hipotálamo está activando dos sistemas: el sistema nervioso simpático y el adrenocortical. El primero activa las rutas nerviosas y el segundo segrega substancias al torrente sanguíneo. El efecto combinado de ambos prepara al cuerpo para la respuesta de ataque/fuga/paralización.

Molecular Thoughts

Más específicamente, el sistema simpático libera catecolaminas, incluyendo adrenalina y noradrenalina, lo que hace que tu presión y latido se aceleren y a tu cuerpo le tomará entre 20 y 60 minutos regresarlos a la normalidad una vez terminada la emergencia. Al mismo tiempo, tu pituitaria lanzará la orden para que se produzcan ¡30 diferentes tipos de hormonas para alistar al cuerpo ante la amenaza!

El repentino incremento de todas esas substancias ocasiona:

  • aumento del ritmo cardíaco y de la presión sanguínea.
  • tus pupilas se dilatan para admitir la mayor cantidad de luz que sea posible
  • las venas de la piel se constriñen para mandar más sangre a los músculos largos (los escalofríos que sientes por el susto)
  • los niveles de glucosa se elevan
  • los músculos se tensan y se llenan de energía por la adrenalina y glucosa (la “carne de gallina”)
  • los músculos lisos se relajan para permitir que más oxígeno entre a los pulmones y los sistemas no esenciales (como la digestión y el sistema inmunológico) se cierran para ceder más energía a las funciones de emergencia
  • los sentidos se agudizan: la luz, el ruido y otros estímulos se sienten con más fuerza
  • y muy importante, el cerebro no puede concentrarse en las tareas pequeñas puesto que tiene que abrirse para buscar la amenaza en el ambiente.

¡Vaya una buena manera de empezar el día en cabina!

El estado de alerta que experimentas es resultado de la herencia evolucionaria de la vida en la Tierra porque aunque no hay un tigre persiguiéndote, el cuerpo lo vive como si así fuera. El sistema de ataque/fuga/o parálisis no distingue entre encontrarse en una zona de guerra o en una cabina, las reacciones corporales son las mismas. Lamentablemente, esa experiencia no es aislada para los intérpretes si no que al contrario, con el deterioro de las condiciones laborales, se vuelve cada día más común.

Tigre

Si la respuesta se tiene que mantener por demasiado tiempo o si hay una exposición prolongada al cortisol, el cuerpo acaba con su reserva energética, empieza a consumir lo almacenado en los músculos y el sistema inmunológico global sufre. El cuerpo ya no es capaz de responder al estrés, hay un debilitamiento generalizado y, por tanto, la posibilidad de caer enfermo. Normalmente, los seres humanos no llegan a esos niveles de agotamiento… ¡en otras profesiones! No es sólo el esfuerzo de sostener la atención lo difícil en nuestra carrera, sino el hecho de disparar los sistemas de alerta tan frecuentemente.

Pero lo que es peor es que debido a que las respuestas corporales se pueden condicionar, en casos extremos hay el riesgo de que esta reacción entre estímulo y respuesta se vuelva el mecanismo de respuesta en automático ante muchos otros estresores.

A nuestros ancestros esas reacciones les ayudaron a la sobrevivencia, pero se paga un precio por ellas. El mantenerse siempre en alerta desgasta las defensas naturales del cuerpo. De tal forma que sufrir de estrés, o interpretar frecuentemente las situaciones como estresantes, puede representar un serio riesgo a la salud. Pero justo ahí radica nuestra ventaja: nosotros sabemos interpretar.

Cuando estamos en ataque o fuga, la amígdala del cerebro nos hace ver todo con una sensación de peligro inminente, por lo que nuestras “interpretaciones” del mundo nos pueden causar problemas. No hay que confiar en el pensamiento que se genera desde ese estado corporal.  No es sino hasta que la región orbitofrontal secreta GABA que se pueden usar los recursos mentales superiores y objetivos, y eso se siente en el cuerpo cuando estamos receptivos (calmados) y no reactivos.

gravidade-e-terra

Para mejorar nuestro manejo del estrés, hay que notar si nuestras reacciones corporales están en ataque o fuga y preguntarnos: ¿cómo estoy interpretando esto que me está pasando? ¿Podría tomármelo no tan personal? ¿Existe una amenaza real a mi vida como este ataque o fuga me lo hace sentir? Nuestras creencias son mandatos para la fisiología, por lo que si lo que estás creyendo te está lastimando, lo conveniente sería reencuadrar la creencia. Por más que lo intentes, no se puede controlar al cliente, agencia, colega, audio, etc. en todo y todo el tiempo.  Pero sí tienes poder sobre tus propias reacciones. De hecho, la verdadera asertividad solo se puede lograr desde un estado de serenidad, en donde la expresión de los límites se dé sin hostilidad, sino con la confianza de lo que se pide es justo… y la confianza es lo contrario al ataque o fuga.

Decía Viktor Frankl, padre de la logoterapia quien vivió en un campo de concentración nazi: “entre estímulo y respuesta hay un espacio. En ese espacio radica nuestro poder de respuesta. En nuestra respuesta está nuestro crecimiento y libertad”.  Desafortunadamente, la interpretación nos obliga a que ese espacio entre estímulo y respuesta solo dure una fracción de segundos. Está bien que así siga en la cabina, pero no permitamos que eso se traslade al resto de nuestra vida.

Para hacer crecer ese espacio, hay muchas cosas que se pueden hacer para mejorar nuestro estado químico y nervioso: el descanso, el ejercicio, la buena alimentación, tomar agua y la meditación.  Pero en esa fracción de segundo, tienes en tus manos una herramienta sumamente poderosa y a la vez simple: tomate un segundo y respira. Tal vez veas que el tigre no es tan temible como originalmente lo sentías.

http://www.interpretesdeconferencia.com.br

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Autor: megbatalha

Intérprete e Tradutora

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